Las propinas
Antes que nada, ¡hola, ¿cómo estás?! Qué bueno verte otra vez por aquí. Me disculpo por la larga ausencia.
Hay una parte muy reconfortante en la vida de un
trabajador: las propinas. Cada vez que un cliente me deja una, sin importar la
cantidad, me pregunto «Wow, ¿en serio soy buena en esto?». Y es que no me
acostumbro a ser premiada, pero supongo que es algo bueno no acostumbrarse y de
eso vengo a hablar hoy.
Como dije en el artículo sobre la obsesión por las cinco estrellas, no es buena idea esperar siempre una buena crítica. Pues lo
mismo pasa con las propinas, pero de una forma un poco distinta, porque hay
trabajos que merecen ser recompensados, pero el cliente no tiene el dinero para
hacerlo. Y seguro que algún día será tu caso, si es que aún no lo ha sido.
Tu trabajo es dar lo mejor de ti buscando la
propina mientras das por hecho que no la recibirás para luego alegrarte cuando
ocurra o no decepcionarte si no pasa. Suena confuso, ¿no? Bueno, es lo que yo
hago y por el momento me ha funcionado.
Acabaré la entrada aquí para no repetir el
contenido básico del artículo antes mencionado y me despido hasta la próxima.

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